Si no la pongo, quizás van a “jugar” conmigo y me van a tomar por tonto… Si la pongo, quizás entremos en una lucha interminable.
En la vida, los conflictos son inevitables. Ya sea con familiares, vecinos, laborales, socios, etc., el conflicto en la vida es una forma de aprender a ver verdaderamente qué queremos y quiénes somos. Cuando las cosas no se hablan o no se procesan cuando las sentimos, se quedan estancadas y esperando a que algo “fuera” las desatasque. Ese algo suele ser algo que llamamos conflicto, y que por todos los medios nos queremos “quitar del medio”.
Y en ese momento hay que decidir: ¿actúo por la vía judicial, busco un camino de mediación o espero un poco? La decisión no siempre es sencilla, pero hacerse las preguntas correctas puede traer claridad, pues no se trata de actuar cuanto antes, sino de hacerlo en el momento correcto, con calma, comprensión y planificación.
Por eso, aquí te propongo tres preguntas clave para tomar la decisión:
Si soy honesto conmigo, sin terceras personas: ¿qué quiero? ¿qué busco?
Antes de hacer una llamada amenazante, enviar un mensaje, un escrito o presentar una demanda, detente un momento y pregúntate:
Responder con honestidad te ayudará a elegir la vía más adecuada: por ejemplo, la mediación no siempre “gana” en términos legales -como tampoco la demanda-, pero muchas veces gana en relaciones, tiempo y tranquilidad. Otras veces puede ser lo recomendable ir a juicio. De hecho, no se trata tanto del qué se hace, sino de tener claridad y certeza del fondo del asunto y del porqué de nuestras acciones.
Es muy, muy fácil reaccionar cuando nos sentimos atacados, pero no es tan sencillo permanecer imperturbable cuando nos juzgan, critican o ningunean. Si bien actuar desde el impulso o la rabia no va a traer precisamente calma ni claridad, a veces hay que parar —que también es una elección de acción— y después actuar. No es tanto el qué, sino el cómo se hace.
La negociación y la mediación requieren apertura: escuchar a la otra parte, entender sus motivaciones y negociar soluciones.
Por tanto, si sientes que puedes mantener la calma, expresar tus necesidades y explorar alternativas, la mediación puede ser más rápida, menos costosa y menos desgastante emocionalmente que un proceso judicial.
Si, en cambio, el conflicto pone en riesgo tus derechos fundamentales, entonces la vía judicial puede ser necesaria. No obstante, si crees que la otra parte no va a dialogar de buena fe, siempre puedes probar a dialogar o mediar. Si no tiene buena fe, todo saldrá a la luz tarde o temprano y en el proceso comprenderás más cosas. Pero quizás te sorprendas y logres entender incluso qué le ha hecho actuar como lo ha hecho y, aunque no resuelva del todo el conflicto, sí puede resolver o aliviar tu conflicto interno.
Cada acción y decisión que tomamos tiene consecuencias:
Además, pregúntate también cómo quieres recordar esta situación dentro de 1, 5 o 10 años.
Pregúntate si tu paz y tu claridad en la vida valen más que tener la razón, que ganar un debate o un juicio.
Elegir qué decisión tomar no es decidir entre “blanco o negro”. Es un proceso de autoconocimiento, estrategia y escucha.
Por ello, si sientes que estás atrapado entre ambas opciones, recuerda: pedir orientación profesional puede ayudarte a tomar la decisión correcta sin perder la calma ni la claridad.
¿Tienes alguna duda?
Puedes contactar conmigo aquí:
📩 Escríbeme a: angela@abogapormediar.com
📱 O mándame un WhatsApp al: (+34) 623 965 663
Utilizamos cookies propias y de terceros para analizar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de sus hábitos de navegación (por ejemplo, páginas visitadas).
Para más información consulte la política de cookies.
Puede aceptar todas las cookies pulsando el botón "Aceptar", rechazar su uso pulsando el botón "Rechazar" y configurarlas pulsando el botón "Configurar"